viernes, 22 de marzo de 2013

Nota preliminar a la "Historia de las hormigas" de Pierre Huber (1810)

Preliminary note to Pierre Huber's History of ants (1810)


En 2005 inicié con este libro la aventura de autoeditar en español diversos textos de la historia de la mirmecología. El libro de Huber es extraordinario, inaugural por cuanto reveló de comportamientos insospechados en las hormigas. Su descripción de las razias de Polyergus rufescens sigue siendo magistral. Para esta edición (ed. Vision Libros) se adaptó la ortografía de la vieja traducción existente y se incluyeron varios apéndices e ilustraciones. Esta es la nota preliminar que preparé.




NOTA PRELIMINAR

I
Cuentan las crónicas que cuando apareció este libro, hace dos siglos, los naturalistas no daban crédito a lo que iban leyendo. Tanto y tan sorprendente se narraba en él. Fue poco a poco, por vía de observaciones repetidas y contrastadas, que hubieron de reconocer la veracidad y precisión de aquellas descripciones. Pierre Huber (Suiza, 1777-1840) emplea un lenguaje sencillo, directo, atenido siempre a los hechos. Sus descubrimientos, uno a uno, van a constituir capítulos enteros de la mirmecología: la arquitectura de los nidos, las migraciones, el esclavismo, el pastoreo de pulgones,  el lenguaje antenal, la relación entre castas, la fundación de las colonias… Su obra da inicio al estudio del comportamiento de las hormigas, dejando atrás la leyenda (las tradiciones griegas, indias o aztecas), y las compilaciones de la antigüedad de Aristóteles, Plinio, Eliano o Aldrovandi, y lo sitúa  en el terreno de la ciencia. Tuvo precursores: Wilde (1615), Swammerdam (1669), Leuwenhoeck (1715-1722), Réaumur (1734-1742), Gould (1747), Degeer (1752-1776), Bonnet (1779-1783), Latreille (1798, 1802), Christ (1791); pero es Huber (1810) quien fija los temas, aportando numerosos hallazgos; quien confirma experimentalmente las observaciones; el primero, en fin, en utilizar sistemáticamente hormigueros artificiales con paneles de cristal. Su influencia va a marcar la obra posterior de numerosos autores, que retomaran una y otra vez sus descubrimientos, en un trabajo de verificación y desarrollo de los mismos que se prolongará hasta bien entrado el siglo XX.
Darwin dará cuenta profusamente de las observaciones de Huber en el capítulo dedicado al instinto de su Origen de las especies (1859), exponiendo una hipótesis sobre el origen evolutivo del esclavismo en las hormigas, posteriormente confirmada por el descubrimiento de especies intermedias entre las estrictamente predadoras y las esclavistas.
Forel, mirmecólogo suizo, reconoce la influencia decisiva de Huber. Publica en 1874 Les fourmis de la Suisse (2ª ed. 1920), obra de referencia para varias generaciones de mirmecólogos. Estudia la sistemática de las hormigas suizas, dando la sinonimia de las especies observadas por Huber. Analiza la arquitectura de los nidos, la fundación de colonias y la asociación con los áfidos. Dedica un amplio capítulo a las colonias mixtas y a las expediciones de las hormigas esclavistas (Polyergus rufescens y Formica sanguinea). Completará estas investigaciones en publicaciones posteriores (1928).
Lubbock (1882) realiza multitud de experimentos corroborando la veracidad de sus descubrimientos sobre la formación de las colonias, el esclavismo, el reconocimiento de miembros del mismo hormiguero, el cuidado de los huevos de áfidos y la sordera (las hormigas  son muy sensibles a las vibraciones del sustrato, pero no a las aéreas), demostrada por Fielde y Parker, 1904, y Haskins y Enzmann, 1944 (en Wilson y Holldobler 1990).
Romanes (1886), discípulo de Darwin, realiza una amplia compilación de los estudios conocidos hasta la fecha sobre el comportamiento de las hormigas: expone las observaciones de Huber sobre la importancia del olfato, la construcción de nidos, el reconocimiento mutuo y el esclavismo, confirmándolas con los trabajos de Forel y Lubbock. Refuta el error de Huber, que negó la existencia del comportamiento recolector de granos en las hormigas, hecho confirmado por Moggridge, 1873 (en Romanes, 1886), para las hormigas del sur de Europa. Hölldobler y Wilson (1990) anotan que la tradición clásica sobre las hormigas recolectoras (Salomón, Hesíodo, Plutarco, Horacio, Virgilio, Ovidio, Plinio) corresponde a las zonas cálidas del litoral mediterráneo de Europa, Asia y África, motivo por el cual los primeros entomólogos Gould (1747), Latreille (1802) y Huber (1810), procedentes de áreas más septentrionales, no la creyeron.
Wasmann (1905) recorrerá nuevamente los temas huberianos del esclavismo y la arquitectura de los nidos, añadiendo el del cuidado de las crías y el del juego en las hormigas, del que dirá que responde a un instinto antes que a un comportamiento inteligente. Stumper, 1949, (en Wilson y Holldobler, 1990) refutará la observación sobre el juego de Huber, demostrando que se produce entre miembros de hormigueros distintos, constituyendo verdaderos combates con posibilidad de muerte. Allen (1997) utilizará esta observación en su trabajo sobre el concepto de juego en los animales. Wasmann, 1899 (en Bouvier, 1927) realiza un detenido estudio sobre el lenguaje antenal, continuación de los llevados a cabo por Lubbock (1882). Bouvier (1927) y Passera (1984) declaran la prioridad de Huber en el descubrimiento del lenguaje antenal, confirmado y desarrollado por Lenoir y Jaisson (1982) en los comportamientos de reclutamiento y trofalaxia, y por los asombrosos hallazgos de comunicación simbólica de Reznikova y Ryabko (2001), que han demostrado, en hormigas altamente sociales -Formica sanguinea entre ellas-, la transmisión de información numérica (relacionada con la duración de los contactos antenales) sobre las coordenadas del cebo.
Wheeler, en su clásica monografía Ants (1910; 2ª edición: 1926), declara en el capítulo dedicado a la historia de la mirmecología: “El libro de Huber, publicado en 1810, es quizás el trabajo más extraordinario de todos los dedicados a los hábitos de las hormigas. Ha sido ampliamente citado y nunca ha dejado de ser una inspiración para todos los investigadores posteriores. Cubre gran parte de la materia sobre los hábitos de las hormigas en un atractivo y luminoso estilo, y abunda en precisas y originales observaciones”. Refiere Wheeler la confirmación por Linder, 1908, de la observación de Huber sobre la constante orientación este-oeste de los domos o cúmulos de tierra del exterior de los hormigueros de Lasius flavus. Cita igualmente su descripción de los pabellones que construyen las hormigas europeas para la protección de los áfidos, y entra con todo detalle en la narración de las hormigas amazonas y sanguinas, en una revisión completa en que establece los grados de evolución del comportamiento esclavista.
Wilson y Hölldobler, en su monumental The Ants (1990), dan la prioridad a Huber en la consideración de los domos como elemento de regulación microclimática, hipótesis que sería desarrollada posteriormente por Forel (1874) en su “Teoría de los domos”. Anotan igualmente su observación del comportamiento específico de expulsión del líquido azucarado por parte de ciertos áfidos bajo requerimiento de las hormigas. Comentan el interés suscitado en la comunidad científica por la conducta del esclavismo y los hormigueros mixtos, que desde su descubrimiento por Huber ha dado lugar a una gran diversidad de trabajos de autores europeos y americanos. Wilson, en The insect societies (1971), al describir los sistemas de construcción de nidos, cita a Huber como el primero que concibió lo que después se llamaría estigmergia (Grasse, 1959), la coordinación de la colonia mediante la actividad individual de cada uno de sus miembros, que trabajan independientemente y son estimulados por actividades previas de otros individuos, no mediante estímulos directos. Las últimas líneas de este gran libro -en el capítulo donde avanza la que será su teoría sociobiológica- las reserva Wilson a transcribir el último párrafo de la obra de Huber, aquel en que contrapone el rígido determinismo de las sociedades de insectos a la libertad del hombre y la responsabilidad que  conlleva. Paradojas de quien es uno de los mayores reduccionistas de la ciencia contemporánea.
  
II
El libro de Huber se publicó en 1810 (Ginebra y París) con el título de Recherches sur les fourmis indigènes. Tuvo una segunda edición en 1861 (Ginebra); la traducción inglesa aparece en 1820; la española, traducida por M. Fernández Llamazares, en 1867, con el título de Historia de las hormigas. Esta traducción, prácticamente desconocida y difícil de encontrar, es la que hemos utilizado -adaptándola a la ortografía actual - en esta nueva edición.
Estamos, ciertamente, ante una publicación singular: era el primer libro sobre hormigas en español, abría nuevos caminos a la mirmecología, era profundamente original y de fácil lectura. Faltaba quizás un Forel que impulsara estos estudios en España, pero la tradición era casi inexistente y la obra de Huber quedó relegada a la glosa en las enciclopedias de ciencias naturales (ver, por ejemplo, la Historia Natural de Vilanova y Piera, 1872-1876, con largas transcripciones). Para conocer mejor el contexto en el que aparece la Historia de las hormigas, vamos a hacer un breve recorrido por los orígenes de la mirmecología española, que iniciaba por aquellos años su andadura.
Los primeros trabajos surgen a finales del siglo XIX: Martínez y Saez (1874), Gogorza (1880, 1882) y Medina Ramos (1891, 1897);  este último, catedrático de anatomía de la Universidad de Sevilla, fue el iniciador de la taxonomía de las hormigas españolas. Siguen Dusmet (1901, 1906, 1923, 1927), Navas (1900), Ramón y Cajal (1921), García Mercet (1921, 1923) y Font de Mora (1923).  La década de los cuarenta comienza con el importante trabajo de G. Ceballos sobre las tribus de los himenópteros españoles (1941), donde describe las subfamilias con algunas observaciones sobre comportamiento, y donde hace el siguiente comentario: “son poquísimos los trabajos y capturas referentes a estos himenópteros, debidos a entomólogos españoles, y casi todo lo que conocemos sobre hormigas de España se debe a algunos especialistas extranjeros, como Santschi, André, Rozsler, Forel, Eidmann o Goetsch”; comenzará también una labor divulgativa (1943, 1944) y continuará con la sistemática (1949, 1956, 1959, 1964, 1966). Siguen Sala de Castellarnau (1942) y los entomólogos vinculados al Ministerio de Agricultura: Benlloch Martínez (1940), Ruiz de Castro (1949), Cañizo (1958), P. Ceballos (1964, 1965, 1966, 1968, 1970). Finalmente, con el inicio de la década de los setenta: Gómez Bustillo (1970) y Haro (1970), con un trabajo de exposición clara y general  sobre los formícidos. A partir de ese momento, y durante el último cuarto del siglo XX, va a producirse un incremento exponencial de publicaciones que sigue en la actualidad. Por citar el caso francés, P. Grasse comenta en el prólogo al libro L'organisation sociale des fourmis de Luc Passera (1984) que el desarrollo acelerado de las publicaciones científicas francesas sobre hormigas comienza en 1950, y ello contando con una espléndida tradición desde el siglo XVIII.
La mayoría de los autores referidos realizaron trabajos de clasificación, de divulgación general o con la perspectiva del interés agronómico, pero muy poco sobre comportamiento. Destacamos, en este sentido, las observaciones de Dusmet (1901) sobre el vuelo nupcial de Leptothorax, las de García Mercet (1921) sobre la invasión de la hormiga argentina, las de Navas (1900) sobre la relación entre la hormiga-león y sus presas, el interesantísimo trabajo de Sala de Castellarnau (1942) sobre Lasius fuliginosus (la hormiga fuliginosa de Huber), donde describe su asociación con los áfidos, la construcción de los nidos, el vuelo nupcial y los huéspedes mirmecófilos; las de Gómez Bustillo (1970), con un interesante trabajo sobre la asociación entre las hormigas y las larvas de mariposas de la familia de los licénidos.
Mención aparte merece Ramón y Cajal (1921), autor del notable estudio Las sensaciones de las hormigas, en el que revisa pormenorizadamente las capacidades perceptivas de las hormigas, estableciendo una interesante división entre hormigas oligópsicas y poliópsicas (de poca o mucha visión), y mostrando las implicaciones en el comportamiento. Anuncia lo siguiente: “en otro trabajo más extenso me ocuparé de las cautivadoras y controvertidas cuestiones referentes al supuesto lenguaje gesticular, construcción de nidos, expediciones de recolección y caza, y sobre todo del magno problema de la orientación y del regreso al nido”. En su discurso de recepción como miembro de la Real Academia de Ciencias, dice Dusmet (1944) sobre Cajal: “Muy avanzada ya su edad, seguía en el trabajo y se le ocurrió pensar en estudiar la vida de las hormigas, para lo cual nos pedía a los del Museo que le clasificásemos algunas que nos envió y que le interesaban. Le di una lista, y es lástima que no le alcanzase el tiempo para publicar observaciones que, como suyas, habrían sido geniales”. En El mundo visto a los ochenta años (1934) comenta Cajal: “Me queda todavía grueso cartapacio de observaciones inéditas”. El cartapacio existe, existe un importante manuscrito de Cajal sobre las hormigas que ha permanecido en el olvido durante más de sesenta años. Recientemente se ha iniciado el estudio y catalogación del Legado cajaliano. Esperemos la recuperación del mencionado manuscrito, dedicado especialmente al complejo problema de la orientación de las hormigas, tema que por aquellos años de principios del siglo XX estaba muy pujante, y que no ha dejado de interesar a los investigadores desde entonces.
No deben olvidarse los naturalistas de Indias, algunos de los cuales dejaron varias páginas dedicadas a las hormigas: en el siglo XVI Gonzalo Fernández de Oviedo, con su monumental Historia general y natural de las Indias (1535), en el siglo XVII el padre Francisco Ignacio Alzina, con su Historia natural de las Islas Bisayas (1668), recientemente editada, y a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX Félix de Azara, con descripciones magníficas en sus Viajes por la América Meridional (1809), y el caso singularísimo de José Celestino Mutis, que fuera primer director de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada (la actual Colombia), y del que diremos unas palabras. Mutis, al poco de llegar a América, recibe en 1761 una carta de Linneo en que le solicita le remita plantas de la región, comunicándole asimismo su interés en hacerle miembro de la Academia de Ciencias de Upsala, siendo necesario para ello que prepare una memoria, y le recomienda que sea acerca de las hormigas americanas. Ahí empieza un trabajo mirmecológico que durará más de 25 años, en plena selva, que no ha dejado rastro en ninguna bibliografía entomológica, y que permanece prácticamente desconocido. Mutis terminó su memoria, que remitió a Linneo, pero que se perdió en el camino y nunca llegó al destinatario. Pero no ceja en su empeño, continuando sus investigaciones que va registrando en diarios, notas, apuntes. En 1784 recibe una carta de Von Paykull, un joven discípulo de Linneo muy interesado en la entomología -autor de una Fauna Suecica (1798) en tres tomos-, en que le vuelve a solicitar le remita personalmente la memoria. Para entonces se trataba ya de una segunda memoria, mejorada y completada por el paso de los años y la acumulación de observaciones nuevas. El 14 de enero de 1779 (Minas del Cerro del Sapo) anota en su Diario: “…Si yo hubiera hecho la descripción completa de todas las hormigas podría haber salido de esta duda; pero hasta ahora no he hecho más que ir grabando en mi mente los caracteres y estudiar atentamente sus costumbres y economía, para formar después una descripción lo más completa que pueda. Estos conocimientos no se pueden lograr ni en pocos días, ni en meses, ni tal vez en años. Dos hace justamente que llegué a este sitio, y desde los principios estoy estudiando y aprendiendo el mudo lenguaje de estos insectos. He hecho varias colecciones, he practicado varias excavaciones de hormigueros, he sufrido muchas picaduras y mordeduras, he empleado muchas horas en irlas siguiendo en sus caminos; y aunque me lisonjeo de haber visto más que hombre alguno, con todo me falta mucho que averiguar. De mis fragmentos y apuntamientos puedo formar en pocos días una obra más completa que cuantas hayan aparecido en este género; pero no he querido dar la última mano hasta lograr mayores conocimientos”.
Nada se ha sabido del manuscrito, salvo una nota del naturalista español Jiménez de la Espada que aparece en las Actas de la Real  Sociedad Española de Historia Natural de 1872: “El señor Espada habló de un trabajo inédito del célebre botánico señor Mutis, sobre las hormigas y comejenes americanos: se acordó se examinase detenidamente por la comisión de publicación, para darla a luz si así se creía conveniente”. Pues bien, aun sin aparecer la memoria, contamos con su Diario de observaciones (1760-1790), su epistolario y sus escritos científicos, compilados por Hernández de Alba (1983), además del fondo documental de la Expedición que consta de 4000 documentos depositados en el Archivo del Real Jardín Botánico de Madrid. La sola reunión de sus escritos mirmecológicos -que está por hacer- sorprendería. A modo de ejemplo, Mutis describe por vez primera el ciclo de las hormigas legionarias, en una narración magistral en que llega a calcular el número de individuos de la colonia reunidos en el vivac o campamento provisional nocturno. Una obra de estas características no tiene parangón en todo el siglo XVIII.

 III
La recuperación de la Historia de las hormigas de Huber que ahora presentamos tiene, pues, un considerable interés. Este libro marcó desde su aparición la investigación del comportamiento de las hormigas, guiando sus primeros pasos, generando admiración y reflexión, provocando un alud de publicaciones. Fue el primer libro sobre hormigas publicado en lengua castellana, antes incluso del inicio formal de la mirmecología entre los naturalistas españoles.
Se ha respetado en todo lo posible la traducción original de  M. Fernández Llamazares de 1867, manteniendo la retórica y los vocablos de la época. En muchos casos se ha corregido la ortografía, adaptándola a las normas actuales. En algunos se han corregido erratas o se ha retocado una frase para hacerla más comprensible. Se han añadido al final del texto varios apéndices: la sinonimia de las especies observadas por Huber, las biografías de los autores mencionados a lo largo de la obra y un glosario con palabras raras o interesantes que puede facilitar la lectura. Se han incorporado varios dibujos del libro Les Fourmis, de André (1885), pintados por A. Clement, que fueron diseñados para ilustrar las descripciones de Huber.
El proyecto de reedición de este libro fue planteado en Internet en el Foro La Marabunta (www.lamarabunta.org), lugar de encuentro de numerosos aficionados a la mirmecología. La idea tuvo buena acogida, y allí surgió un pequeño grupo que, coordinado a través de Internet, llevó a cabo los trabajos.
Federico García hizo la portada (Lasius niger pastoreando pulgones), Gerardo Fernández Carrera preparó el dibujo sobre la morfología de la hormiga y restauró –recreó- los dibujos originales, Angel Barrera Aldemira revisó la ortografía del texto y añadió palabras al glosario, Francisco Manuel Gómez Abal supervisó la nota preliminar y la sinonimia, aportando sugerencias, José María Gómez Durán adaptó el texto y preparó los apéndices.

Madrid, marzo de 2005
José María Gómez Durán

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RAMON Y CAJAL, S., 1921. Las sensaciones de las hormigas. R. Soc. esp. Hist. nat. (vol. extraord.) 1921: 555-572
RAMON Y CAJAL, S., 1934. El mundo visto a los ochenta años (en Obras literarias completas, ed. Aguilar, 1969)
RUIZ CASTRO, A., 1949. Las hormigas. Ministerio de agricultura, Servicio de capacitación y propaganda. Madrid.
SALA DE CASTELLARNAU, I., 1942. Bionomia de la hormiga arboricola: Lasius (Dendrolasius) fuliginosus Latr., sus nidos acartonados y huespedes mirmecofilos. Las Ciencias (An. Asoc. esp. Progr. Cienc.) 7: 85-113.
VILANOVA Y PIERA, J., 1872. La Creación. Historia Natural, escrita por una Sociedad de Naturalistas y publicada bajo la dirección de Juan Vilanova y Piera, 8 vol., Montaner y Simón,  Barcelona.

Libros
Los libros escritos o traducidos al español sobre hormigas -o tratando ampliamente sobre ellas- son pocos. Damos la siguiente lista, en la que incluimos también algunos títulos posteriores a 1970:

ANÓNIMO. Circa 1900. Curiosidades del mundo de los insectos: un té cientifico. Las hormigas. Garnier Hermanos, Paris.
BOUVIER, E. L., circa 1930. El comunismo en los insectos. Ed. M. Aguilar, Madrid.
BOUVIER, E. L., circa 1930. La vida psíquica de los insectos. Ed. M. Aguilar,
CHAUVIN, R., 1972. Las sociedades animales. Ed. Zeus.
CHAUVIN, R., 1990. Dios de las hormigas, dios de las estrellas. Ed. Edaf.
COLLINS, G., 1972. El mundo de las hormigas. Ed. Novaro, México.
ESPASANDÍN, J. O., 1946. Sociedades de insectos. Ed. Atlántida.
GOETSCH, W., 1957. La vida social de las hormigas. Ed. Labor.
HASKINS, C. P., 1946. Las hormigas y el hombre. Ed. Pleamar.
HÖLLDOBLER, B., y Wilson, E. O., 1996. Viaje a las hormigas. Ed. Critica.
HUBER, P., 1867. Historia de las hormigas. Ed. Gaspar y Roig, Madrid.
HUXLEY, J., 1949. Hormigas. Ed. Sudamericana.
JAFFÉ, K., 1993. El mundo de las hormigas. Ed. Equinoccio, Univ. Simón Bolivar, Maracay.
JAISSON, P., 2001. La Hormiga y El Sociobiologico. Ed. Fondo de cultura económica.
LOUSTAU, J., 1935. La sociabilidad en los animales. P. Univ. de Murcia.
MAETERLINCK, M., 1933. La vida de las hormigas. Ed. M. Aguilar, Madrid.
ROMANES, G., 1886. Inteligencia animal. Ed. Biblioteca Científica Internacional, Madrid.
RUIZ CASTRO, A., 1949. Las hormigas. Ministerio de agricultura, Servicio de capacitación y propaganda. Madrid.
SKAIFE, S. H., 1964. Las hormigas. Ed. Aguilar, Madrid.

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