sábado, 21 de diciembre de 2013

Hormigas en el Códex Bongarsianus

Ants in the Codex Bongarsianus

En torno al año 830 Haecpertus, quizá perteneciente a la Escuela Carolingia de Reims, preparó una versión latina del famoso Fisiólogo. Esta obra, escrita originalmente en griego en el siglo II -probablemente en Alejandría- consistía en un conjunto de descripciones naturalistas y relatos alegóricos que mantuvieron su vigencia a lo largo de la Antigüedad e influyeron notablemente en los bestiarios medievales.
El manuscrito latino de Haecpertus, ahora denominado Códex Bongarsianus 318, recaló a mediados del siglo IX en la abadía de Fleury, de donde fue adquirido en el siglo XVI por el abogado y humanista Peter Daniel. Actualmente se conserva en la Burgerbibliothek de Berna.

Abadía de Fleury

Especialmente relevantes son las 36 ilustraciones del códex, las más antiguas de entre las versiones latinas conocidas del Fisiólogo. Las hormigas están representadas en tres de ellas, correspondientes a tres apartados: “De la naturaleza de la hormiga”, “De la segunda naturaleza de la hormiga” y “De la hormiga diminuta”.

Bern, Burgerbibliothek, Cod. 318, f. 12v, f. 13r – Physiologus Bernensis (http://www.e-codices.unifr.ch/en/list/one/bbb/0318)

Transcribo a continuación la traducción española de dichos apartados aparecida en el excelente artículo de Pilar Docampo Alvarez, José Antonio Villar Vidal y Javier Martínez Osende (2000): La versión C del fisiólogo latino. El Códex Bongarsianus 318 de Berna. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales 10: 27-68.

De la naturaleza de la hormiga
Cuando guarda el trigo en la tierra parte cada grano en dos mitades, no vaya a ser que la sorprenda el invierno y derrame su lluvia y germinen los granos y ella perezca de hambre. [Separa] también tú las palabras del Antiguo Testamento para el entendimiento espiritual, puesto que la letra mata. Pablo dijo que la Ley es espiritual. Pues los judíos, atentos sólo a lo carnal, sufrieron la muerte por hambre y se hicieron homicidas de los profetas.

De la segunda naturaleza de la hormiga
Con bastante frecuencia va al campo, trepa a las espigas en la época de la recolección y hace caer sus granos. Antes de subir huele desde abajo la espiga y por la intensidad del olor sabe si se trata de trigo o de cebada. Si es cebada la deja y se va a por trigo. Pues la cebada es alimento del ganado, y ella se hace con el trigo que es almacenado en el granero. Porque la cebada representa la doctrina extraña, el trigo la equidad del espíritu de la fe.

De la hormiga diminuta
Es la hormiga que fue alabada como si sus fuerzas fueran mayores, y no se ve forzada a trabajar en servidumbre sino que, en una especie de presciencia espontánea, acumula para el futuro reservas de alimentos. La Escritura te insta a imitar su laboriosidad cuando dice: Ve donde la hormiga, perezoso, y observa sus caminos, y sé más prudente. Ella, en efecto, no posee cultivo alguno, y sin tener nadie que la obligue, sin actuar bajo dominio, ¡cómo prepara por anticipado su comida, y de lo que tú trabajas ella se guarda la mies! Y mientras que tú con mucha frecuencia pasas necesidad, ella no. No hay para ella ningún hórreo cerrado, ninguna vigilancia de lo que hay dentro, ningún montón a prueba de su asalto. Contempla el guardián los robos que no se atreve a impedir, observa el dueño los daños ocasionados, y no toma represalias. Avanzando en negra columna transportan el botín por los campos, se mezclan con el tropel de los viandantes, y los granos de mayor tamaño que no pueden abarcar con su pequeña boca los cargan a cuestas. Lo observa el dueño y siente reparos en negarles tan parcos frutos de su laboriosidad digna de respeto.

En la tercera ilustración se aprecia el nido a la izquierda, del que sale un reguero de hormigas hacia las espigas de trigo.


Con más detalle, comprobamos que el autor no presta atención a la morfología real de las hormigas, que semejan cuadrúpedos vistos de perfil.


Sin embargo, realza el comportamiento básico de la recolección: las hormigas van y vienen en ambas direcciones, suben a las espigas y separan el grano, que cae al suelo para ser transportado.


Se trata, a buen seguro, de las legendarias hormigas recolectoras del género Messor, las mismas que, desde Salomón, glosaron innumerables observadores, eruditos y poetas hasta el Siglo de las Luces. La ciencia oficial no reconoció estos hechos (la existencia de especies recolectoras) hasta comienzos del siglo XIX.
Tiene el lector ante sus ojos, en este Códex Bongarsianus, una de las iconografías más antiguas y sorprendentes de la historia de la mirmecología.

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